martes, 6 de diciembre de 2011

Poema Angelita


Angelita, quisiera con esta mi canción
Decir lo que no pudo mi vulgar corazón,
Que es tan soez el alejandrino en poesía
Cuanto el insulto que en prosa se torna [una] elegía.

Tentación empobrece la más perlada rima
Al tiempo que diluye su esencia de azahar
Pues en embates al ridículo se escatima
El amor al oropel que nos hace versar.

Estos días de fiestas y de natividad
Cuyas estrellas rieron estos cinco lustros
Merecen sus odas, mas no por la navidad,

Exquisita elegancia de quién bate el oprobio
Con el dorado bermejo de la felicidad
Guarda tu lustre, grande amiga,

¡Ah! y que cumplas muchos más

El beso de Clara


A Clara no le gustaba su cuerpo. A Clara le gustaba su carácter. A Clara le gustaba Francisco. Conocí a Clara un quince de diciembre. Era sábado. Hacía frío. Nos presentaron la noche que siguió el discurso. Yo no me llamaba Francisco.

El discurso que dio clara, la intervención, sería un término más apropiado para describir la corta alocución  del viernes catorce de diciembre – al resto nos dieron dos minutos y medio, Clara la dejaron hablar un poco más – no tocó ninguna propuesta nueva. Clara delante del público no era original, al menos no innovaba en el discurso. Clara sobresalía, no por el tono de su voz, razón por la cual seguíamos todos a Julia a innúmeras y escuálidas manifestaciones, se la respetaba por su presencia. Clara comprendía el efecto que tenía delante de las reducidas asambleas de universitarios. No abusaba de su perfume, pero lo comprendía y jugaba con él. Clara, entendió rápidamente que su voz, sin ser particularmente fuerte, imponía respeto.

En alguno de los “intolerables” erguidos en contradicción a alguna de las autoridades que interpelaba siguiendo el argumento del grupo tal de compañeros con quienes bebería una cerveza aquella noche, Clara lanzó una mirada rápida hacia el lado de Francisco. Francisco rememorando los argumentos con los que debía responder a Clara, que sin ser especialmente contra ella habría usado contra cualquiera de sus compañeros, con quienes de hecho el tomaría una cerveza aquella noche, vio su reloj y se dio cuenta que nadie había reclamado por el minuto suplementario en tiempo de tarima. Se levantó de su silla, porque a Francisco no le gustaba el podio. Retenía de alguna de las reuniones que había mantenido con un sindicalista en una sala llena con estudiantes sentados en el suelo que se debía empezar las intervenciones, con un aire de falsa modestia. Repetía siempre “prefiero quedarme aquí”, subiendo la voz cada vez más, con naturalidad, hasta llegar a un “la gente me comprende”. Ardid retórico que funcionaba, puesto que la falta de decibeles de un militante en el público obligaba al auditorio a prestarle atención.

Francisco, comprendía el efecto hipnótico que tenía en las asambleas. Un grupo de personas, le gustaba pensar cada vez que subía su voz pidiendo que se le considerara como un miembro más del público, era la suma de sus componentes. Encontraba siempre una mujer, a quien veía a los ojos. Una mujer que tomaba como la mujer promedio de esa sala repleta de estudiantes, si no aduladores, por lo menos propensos a aplaudirle tras un silencio largo siguiendo una elevación en la entonación de su voz. Observaba a esa persona cualquiera, y leyendo en sus ojos podía medir cuantos enemigos había hecho con la última observación y cuantos le agradecerían sus palabras. Francisco tenía la rara cualidad de adaptarse al público, para que pocos lo odiaran, muchos lo quisieran, y uno solo; porque le gustaba el efecto dramático; que uno sólo mientras sus contrincantes apostaban a su derrota, que uno sólo de los participantes tras dos segundos de pausa, aplaudiera, llevando consigo la algarabía de los presentes. Francisco conseguía hacer esto, no sólo en asambleas políticas, también lo lograba en bares de poca reputación, en clases que necesitaban de él un elevado nivel de sofisticación, en reuniones del grupo de cine a las que acudía irregularmente, en sus reuniones de partido, en el barbero; Francisco, era un seductor.

Ese día hablando Francisco debió romper el ambiente de clama que había creado Clara. Francisco comenzó su discurso algo diferente esta vez. Dijeron en voz alta Francisco tienes la palabra. Francisco no se imponía a menudo. Seducía, convencía, alagaba, fingía, sudaba, impresionaba, pero nunca imponía. Sus férreos enemigos, quienes contribuían a mantener su leyenda viva, puesto que le ponían suspenso a cada intervención pública que daba, esperaron su tradicional “la gente me comprende”. Francisco, tomando con seriedad la única intervención que podía voltear su predominio sobre el público, subió la estrada, se puso sobre el escenario, y dijo una frase con la que no acostumbraba empezar. “Si lo que dijo la Compañera, silencio, esperó a que alguien le recordara el nombre, y cuando se lo dijeron prosiguió, Clara, resultara ser cierto, estaríamos delante del primer comentario sensato de la noche; y no creo que tal grupo haya mejorado desde la semana pasada”. Durante dos minutos precisos, desmontó los argumentos de Clara con la fuerza política de quien sabe medir a su auditorio. Las certezas de la voz cuasi-maternal de Clara no sobrevivieron a las provocaciones, algunos dirían infantiles, de Francisco. Francisco había “hecho polvo” como dijeron otros tras su aplauso, a la mujer en cuestión. Nadie lo había notado, porque estaban concentrados en seguir lo que parecía el meollo programático innovador de Francisco, pero el joven había logrado desmontar la fuerza aparente de la calma de Clara sin verla a los ojos. Francisco conocía muy bien el nombre de Clara. Esa noche había sentido el suelo deshacérsele a los pies y reaccionó como toda bestia orgullosa y herida en la hombría reacciona: prendiendo el motor del carro.

De haber visto a Clara a los ojos, Francisco habría entendido que con el aplauso con el que respondieron sus improperios moriría su elocuencia esa noche. La tarea me tocó a mí, porque tenía derecho de palabra. Esa fue la primera vez que me tocó “voltear una asamblea”. Me levanté con un poco de miedo. Tomé la palabra. Doscientas personas tienen en la memoria el mismo efecto que dos litros de ron en la sangre. “Compañero Francisco, acabas de decir que el grupo tal no puede haber cambiado, ¡eso es correcto! Si lo hubiera hecho, debería reconocer que tu teatro cambia opiniones. Levantando la voz, lo que se consigue normalmente, compañero Francisco, es que la gente con convicciones políticas las exprese y las afine. Si lo que uno tiene es un peinado, dos admiradoras y quince aplausos, se entiende que lo ponga nervioso una mujer que lo mande al carajo”. A mí nadie me aplaudió, pero a la hora de votar a mano alzada la moción que apoyábamos, pasamos nosotros.

El discurso tuvo sus efectos y me perdonaron el machismo evidente, imperdonable en el grupo tal. Clara me había dicho, solo quedas tú en la lista tienes que decirle a Francisco que no convence a nadie. No hice lo que me habían dicho, y en esos veinte segundos que pude recordar después, tiempo interminable durante el cual miraba simultáneamente a Clara y a Francisco, sin hacer lo que me habían dicho, había conseguido cambiar la situación sin que me mostraran, al menos no inmediatamente, el más mínimo interés. Clara después de la votación me dio un beso en la mejilla.

Esa noche en el bar, nos sentamos en una mesa, Francisco, Clara, dos otras personas y yo. Recuerdo claramente a Clara decir, “los jodimos”. Francisco le respondía, qué nos jodieron, estás loca. Clara que reclamaba y que es la vaina, “ahora no te recuerdas de mi nombre. Eso es para que respetes.”  El carajito te jodió viste. A lo que Francisco le respondió “ese deprimió a los pendejos”, “por eso es que sacaron ventaja, él te los deprime, y los huevones votan por el suicidio; ustedes son la muerte de la política”. El prendió un cigarro, Carla seguía riendo. Clara, después de la cerveza le dio un beso en la boca.

Conocí a Clara, nos presentaron y hablamos por primera vez en una reunión improvista en casa de alguno de los militantes del grupo tal.

viernes, 1 de abril de 2011

Coautoria fonetica

Ay laik tu slap curas

If de mun is fokt op

In de nait de las noches

Juén ay luk at de trok

De paso in texas

Me gustan las birras

Guen ay luk at las putas

Se me para la esquirla

An de tetas de puntas

In san cuasimirla

ólor a sáran

Ay luk at mai gon

Ank wit de presíchon

Of rouches baigón

Ay chuz la bastarda

An pey jer uij ron

Her neim se miolvida

An pley wij la viola

Rockola guid samba

In san aceróla

Selín mis chancletas

Las de mi agüelita

La sucia tomasa

Rodeando la esquina

Apís ov su falda

Dancín in la orina

Gueliendo el polvazo

Vuelvo a la cantina.


Churut y Fractal

domingo, 8 de agosto de 2010

Te de tilo

Romeo el hijo prodigio de la familia de los Capuletos conoció a Julieta, virginaria hereditaria de la familia Montesco, en una fiesta a la que entró coleado después de haber matado al primo de la susdicha, en la cual, enmascarados, se prometieron amor eterno, amor que reiteraron, él bajo el balcón, ella sobre este, ambos ante las fauces de la muerte; ambos protegidos por un cura que, lascivamente, deseaba la unión de los dos jovenzuelos, ninguno pasaba los quince años.

Para ello el padre dio a Julieta un te de tilo que la pondría a dormir “como muerta”, que en el estado mortuorio sus padres la pondrían en la morgue dónde Romeo la rescataría. Te de tilo en la doncella, y con el blackberry en mano, el párroco escribió un pin a Romeo. Su celular estaba apagado.

El prepúbero salió de su casa con el celular de la tía, que tomó por equivocación, dónde estaba claramente escrito en el Facebook de Mercurcio – que le había dicho el sobrino que había visto el pin de Julieta en el celular de la abuela –, “y Julieta no estaba muerta?”. Romeo llama al cuñado que le da el celular del padre, que llama al cura quien le dice que no se preocupe que Julieta lo que fue se tomó un té de tilo que la tiene noqueada pero que esa se está haciendo la muerta para que nadie se entere.

Romeo twittea la vaina que se entera Horacio que va y habla con Sócrates, quien escribe al padre de los capuletos quien inmediatamente va y pregunta qué vaina tienen ustedes con mi hijo, no sea marico nadie, Montesco huevón. Quienes se entran a coñazos en la subida de tazón. Llama la esposa, aparece la guardia, se pelean los novios de las esposas de los respectivos hombres en pugna que de tanto dar coñazos poco estaban en la casa. Los Esposos deshonrados agarran por el pescuezo a uno de los amantes inmediatamente socorrido por el otro. Sacan cuchillos, cargan pistolas, tocan una copla y se arrechan más todavía cuando el maraquero mocho no les sigue la tonada.

Romeo el hijo prodigio de la familia Capuleto sale de la morgue con Julieta la virginaria hereditaria de la familia Montesco, en los brazos. En la radio se oye la historia del homicidio múltiple en la chicharronera de tazón que se vio en la televisión de la panadería donde se tomaron un marrón mientras a Julieta se le pasaba la pea del té de tilo. Ella escribe el último pin con ese blackberry, él anula su cuenta en Facebook.

martes, 13 de julio de 2010

La historia del cafe cocaina

Llovía en la china como llueve

En todo país en que se espera

Que un día de calor

Muera

Con un ventilador

Soplaba en su cara como sopla

El gordo borracho de la última copa

El hálito corpóreo de la estación

Pegoste de vómito y comezón

Soplaba en su cara como sopla

Viento Caribe de azúcar y ron

Aire negruzco del día veintidós

Soplaba en su cara como sopla

Eructo bubónico de un mes sin sed

Una gota de agua sobre un sartén

Volviendo el aire como de satén

Susurró como se susurra

A la oreja de una foca

Introdujo su mano en el sudor

De su baja espalda

Susurró como se susurra

A la oreja de una extraña

Cosas amables y necias

Cosas extrañas y afables

Cuentos que te despiertan

En la noche con desaire

Y te saludan al alba

Con olor de pobre carne

Susurró como se susurra

Al mazacote urdido

Sin memoria tejido

Con etil ungido

Susurró como se susurra

Bajo los rayos de fierro

De la urbe que suda

Por sus poros desiertos.

Difracción en la ciudad

Que baila con prieto hierro

Color de sal la ciudad

Naranja de gris moreno

Sus brazos calor en sombra

Asfixian sus pelos viejos

Sus labios de vieja sombra

Ahogan su viejo pelo

Sus perlas las de su vientre

Supuran colesterol

Deflagración del pecado

Bajo mundo del alcohol.

Cortó la humedad con cuchilla

Se la sacó de las uñas

Rasgando sus pústulas

Mordió del muslo la grasa

Susurró como se susurra

Al calor para que muera

Susurró como se susurra

A la mujer de cualquiera

Cortó la humedad con cuchilla

Se cortó el rostro al afeitar

Sacó de si la semilla

Que tenía que sacar

Cortó la humedad con cuchilla

Con esa que mata calor

Que le vomitó en cara

El hálito corpóreo de la estación

Deprisa matando horas

Se preparó un café negro

Que lo sacara del hueco

Del podrido desespero

Sudor en su espalda

Retazos de cuero

Girones de ropas

Collares de hierro

Café trasnochado

Con el cuerpo enfermo

Un café dormido

Sin nombre ni cuerpo

Jadeando en la cama

Junto a mi polvero

Café cocaína

Como te quiero

jueves, 24 de junio de 2010

La función corregida

Para imaginarte la escena tienes que estar sentada, que casualidad; disfruta de la función.

Detrás de una cámara está el director, tiene sobre su cabeza una maraña de pelos que no puede ser adjetivada; mira a una discoteca, o eso parece. Justo en frente de los baños está un señor bajito con el pelo corto, delante suyo hay una computadora; ese debe ser el DJ. La cámara muestra la discoteca, en el fondo hay una mesa de ping pong, la gente baila algún tipo de techno. Enfocan a un joven, tiene el pelo cortísimo y un hueco en la frente. El mira a una mujer que enseguida se va al baño; lo enfocan a él. Tiene una cara de indecisión profunda, suspira y camina. Toma a otra jovenzuela por la espalda; baja sus manos hasta su cintura y sobre la música le susurra algo en el oído que le dibuja una sonrisa.
Aparece el reguetón de fondo, la cámara rueda desde el seno de la joven hasta su boca perlada por el sudor de la noche, se voltea y lo besa. Ella lo besa con pasión, es un beso que rompe los paradigmas de la retención de emociones, él en cambio la besa con pausa, con la frialdad que sólo permite la preparación.


Sale la otra mujer del baño, y se sorprende. Esta, ve a la pareja con una cara que él adivina con unas marcadas facciones de delicia; el beso espolvoreado con la maldad se vuelve cada vez más picante. El baja la mano y ostensiblemente le agarra una nalga. Todo esto es visto por la otra mujer atónita y asombrada, es casi asco lo que siente. Estos dos se besan apasionadamente: "corte".


"Muy bien vamos a grabar la escena de la declaración de amor, dice el director
-¿Por qué no grabamos todo en el orden este?, así está escrito en el guión, replica el estudiante.


-Todo se arregla en la edición, tú grabas lo que tengas que grabar y después te encargas de ponerlo todo en su lugar. Además ya sabemos lo del beso, todos sabíamos como iba a ser esa escena, ahora, hay que hacer que la declaración cuadre con el beso. No al revés.


-¿No entiendo nada, eso está escrito, y por que no lo hacemos como está ahí?


-Justo así lo estamos haciendo, pero no en el orden cronológico, ahora silencio que estamos grabando.


-Pero, esto no es una declaración de amor, esto es una cosa de borracho. En un jardín con una tipa prendida, pierde toda la fuerza, porque no pasar por la vieja carta, eso que todo lo resolvía para los héroes de antaño.


-Porque eso caducó, porque nadie escribe cartas y ya ni las leen. Todo pasa por el mesenger y el hotmail, las cartas son artilugios de las películas porno para que la actriz pueda apretar el papel con fuerza. Te digo, el paroxismo de lo romántico de nuestros días es una sonrisa sincera, y una declaración directa; Cyrano sería un narizón habla paja, y eso te lo digo yo. No le busques las cinco patas al gato, la cosa es directo al grano y sin rodeos. Ahora cállate y no jodas. ¡Acción!"

Estamos en un jardín, el del beso y la del baño están solos. Ella sabe lo que se le viene encima, él no halla sus palabras. Clásica escena de amor, porque él quiere sorprender, hacer lo que todos detrás de la pantalla esperan.


"Lo voy a decir sin rodeos, Angélica, Te amo. Ella arruga el entrecejo y deja salir un supiro de desaprobación casi inteligible. Yo sé, que ya he intentado decirte esto, pero soy un hombre que sueña, soy un hombre que necesita la realidad. Veo el sueño, y con él me acobijo. Quiero oír de tu boca las palabras de mi redención, no juegues conmigo, me niego a recibir un tal vez por respuesta.

-Alfonso, realmente no sé que decirte.


-Dilo, termina de decirlo, no permanezas impávida ante mi petición; di algo, haz algo, córtame la cabeza de un hachazo: permíteme renacer de mis cenizas.


"Corte, grita el director. ¡Eres un genio! le dice al ayuda. Claro, todo de nuestros días pasa por el mesenger y la computadora, imagínate que el amor fuera cosa de luces y botones, de simples teclas. El amor ya no es algo humano y cálido, ya no son cartas que huelen a perfumes y tabaco, ya no son horas de interminable espera a que llegue la correspondencia. El amor de Cyrano ha muerto, lo que toca es un amor de mentira, un amor de teléfono, un amor de correos electrónico y de velocidad de banda ancha. Claro ¿quién quiere a un charlatán medio feo hablando paja por la vida? nadie! Lo que necesitamos es que..., nada, no necesitamos nada. Traigan al francesito ese que me cae como una patada en las bolas, vamos a ponerle imaginación a esto.

Mira, le dicen al francesito, vas a interrumpir, y vas a empezar a hablar con ella, haz que él se vaya ¡espántalo!"


La escena termina así el francés los corta y Alfonso se va a hablar por ahí, toma un poco y despierta en una casa extraña.


"Vamos a cambiar todo, tenías razón y estabas equivocado ¡me gustan tus errores!


-No lo entiendo señor director.


-Claro, la escena del beso va antes, ahora de nuestros días todo es rápido. Al grano, concreta, deja la belleza y los planes; Destruye y recontruye sobre la marcha. Lo más honesto es el beso antes; qué locura ¡cómo cambian los tiempos! No va a ser un beso de despecho sino un beso de venganza, no va a ser una venganza: ¡va a ser un argumento inapelable! Que pragmáticos nos hemos vuelto, la respuesta es que no tenía otra, se ha vuelto una excusa válida.


-De Verdad no le entiendo señor director, con todo el respeto que usted merece, a donde quiere llegar con todo esto.


-No juegues al bruto, anda sé inteligentito. Primero el beso, sorpresa de la mujer, segundo explicación con el corte del francesito...


-No iba a ser al revés, ¿por qué lo cambia todo? Se contradice todo, no le entiendo nada.


-¡Claro! Próxima escena, llega a su casa. No viene esa explicación sosa de primero; antes era que se hacían las cosas así. Lo que toca es la acción, es un hombre que aparece en la discoteca, mira un culo parado, se acerca a él y lo toma. Ve que la otra está en el baño y la besa -a la del culo-; mejor, hagamos que ella lo bese. Sale del baño, y los ve la otra. Sorpresa, asco, lo que sea, eso es el trabajo de la actriz: buscar la mejor cara. El, impávido e inamovible con un simple objeto entre sus manos. Lo usa y lo bota, o al menos lo deja de lado. Va y se le intenta declarar, le dice lo del sueño pero sin el me gustas; es demasiado largo, boom, llega el francés. Ya no cabe la reflexión, la retórica es un arma de engaño. ¿Que hace él tipo? ¡Fácil! Escribe un email, le dice todo eso que no le dejan decirle en cara. Estamos compelidos a ser rápidos o a morir ¡pues no muramos! Mira esta escena."

"El tipo vuelve a su casa, se muestra su computadora de fondo, vuelve la cámara sobre él ¿vas viendo? Habla de la navidad, de la reconciliación, bla bla bla. Llega al beso, habla del beso por tres buenos párrafos dice que fue un beso que le gustó, pero que hubiera querido dárselo a alguien más, dice que no era un beso de venganza sino de realidad. Mira como se le incrusta poesía a la vida, vamos a meterle viejos modales a esto. Angelica, dice él, eres inteligente, eres bella, y me gustas; pero dime que no se puede, dímelo por escrito y sin rodeos, sácame de mi fantasía. Y que crees que va a responder ella, como se puede ser concreto en esos casos, no se puede. La noticia le llega como un choc.


-¿A quién le llega qué noticia y cuando?


-Párame bolas, hijo. A Angelica le llega la noticia como un choc, es un correo; nadie manda correos serios y se leen sobrevolados. Pero este tiene una última frase que no se puede obviar, es un callejón sin salida. Va a tener que responde algo ¡carajo que buenos somos!


-¿Y qué va a responder?


-Eso, dejémoslelo a la distancia, que la distancia responde muy bien de toda la vida. Además qué le importa a la gente como va a responder, ya se sabe, lo que preocupa es la pobre niña que fue usada como objeto en un beso malévolo. Por ahí le metémos media hora más de película. De todas formas si quieres la respuesta va a ser algo así


Mi muy querido Alfonso,
La navidad es una época de reconciliación, y he tratado de comprender lo que has hecho pero no puedo. La vida me ha llevado a una situación muy incómoda en la que me es imposible responderte con franqueza. Me caes muy bien como amigo, realmente he pasado unos momentos increíbles contigo, pero es tiempo de dejar eso de lado. Alfonso abre los ojos al mundo, mira películas de amor, no sé que recomendarte...


-Y así con media hora de bla bla bla inútil, le dice que se deben alejar. Pero mejor me callo este Alfonso hace daño, esta película corrompe la sanidad mental.


-¿Y después le metes el final?


-Vas entendiendo, todas las peliculas de amor son así lo rechazan y siempre terminan juntos y felices.


-Sabe, señor Director, Alfonso debería vivir en una película de segunda, así nos haría a todos más fácil la vida con estos diálogos estúpidos e inútiles.


-Hehehehe, tienes razón hijo, ¡apaga las luces cuando salgas! Dile a Alfonso que deje de soñar que está babeando el traje.


-Déjelo soñando, eso no es malo, de todas formas, sólo puede despertar.


-O morir en el intento"

Cruz de Mayo

¡Santisima cruz de mayo

Fue hace dos años ya!

¡Santisima cruz de mayo

Yo pedi prosperida’!

Hace tiempo no sabia,

No sabia la verdad,

Mas importante habia

¡Y pedi felicidad !

¡Hay yo si era joven,

Era joven, Hay cara’!

Pero las penas me comen,

Yo pedi una amista’.

Pero aunque no sea grande,

¡Voy creciendo mai querida !

Poquito a poco se aprende,

De los traspiés de la vida.

¡Santisima cruz de mayo

Fue hace dos años ya !

Hoy por saber no descuello,

Te pido una amista’.

¡No es que crea que yo mande!

Asi que esto casi murmuro,

“Virgen de la palma grande”

Regaleme un futuro.

Mas finalmente santisima,

Todo tiene que acabar,

Hoy le rogaré a tu palma ;

Estoy listo a declarar,

Con gracia sobre corcel

Rezar “¡no seas fugaz!

¡Bendicenos a granel,

¡Obsequianos a la paz!”